elarrebato

Este espacio lo creé para poder compartir pensamientos, anécdotas, triunfos, fracasos y recuerdos que me han causado un arrebato debido a la importancia que tienen en mi vida y que me han hecho la mujer que soy. Espero que lo disfrutes y que si te apetece, le eches una mirada también

Nombre: anamaria
Ubicación: Caracas, Venezuela

28 años,gemela,Comunicadora Social, soltera, tía de cuatro bellezas que alegran la vida de todos los De Grazia Suárez... Con uno más en camino!!!

lunes, octubre 30, 2006

Fragmentos III

¿Gemelas y rivales?
Desde pequeñas kari y yo hemos sido como una pieza completa. Crecimos con la idea que éramos un equipo y así hacíamos todo: estudios, trabajos, juegos y hasta los quehaceres de la casa que nos repartíamos lo que más gustaba hacer. Como nunca falta siempre surgía el comentario de “¿cuál es mejor?”, ¿quién lo hace más rápido?, principalmente en los familiares porque los profesores poco podían decir de nosotras pues, siempre tuvimos muy buena trayectoria escolar.

El caso es que una vez que entramos en la universidad, nos fuimos para Ciudad Bolívar a estudiar medicina nos conseguimos con un niño (ahora debe ser todo un hombrecito) que nos decía “se parecen igualitas a las gemelas y rivales” haciendo alusión a un programa de televisión. Y nosotras nos reíamos mucho porque él, con sus ocurrencias, nos preguntaba muchas cosas y siempre terminaba con la frase “se parecen igualitas a las gemelas y rivales”.

Lo curioso es que somos la antítesis de esas gemelas y rivales a las que él se refería pues, aquellas son blancas, rubias, altas y flacas, lo demás pueden imaginárselo sin ser muy detallista. Aún así él nos consideraba “igualitas”. Luego supimos el por qué: se amaban pero no por eso dejaban de competir en todo.

Y es que eso pasa precisamente. Nos queremos, cuidamos y protegemos muchísimo pero en lo que hacemos una se destaca más que la otra en algo. Ya sabemos quien es “mejor” para cada cosa por lo que sin siquiera ponernos de acuerdo ya cada un a sabe lo que le corresponde al momento de hacerlo; es decir, si vamos a la playa, yo alisto el bolso porque no olvido nada. Si se va a hacer arroz con pollo kari lo prepara porque el de ella es insuperable; y así.

No es por nada pero siempre nos empeñamos en que lo que hacemos quede bien. Eso se lo debemos, sino en su totalidad en su gran mayoría, a pina porque siempre nos exigía lo mejor de lo mejor que podamos hacer. Ella nos enseñó desde sacudir el polvo hasta preparar pollo horneado, entre otros platos.

La cocina es una de nuestras más grandes pasiones. Quizás por estar desde pequeñas en contacto con los fogones, caldos y especies de la cocina, tanto criolla como italiana en el restaurante. Crecimos en ese mundo y lo más lógico es que aspiráramos tener un negocio propio: Un café, al estilo europeo. Allí podremos gerenciar, atender y deleitar hasta los paladares más exigentes.

miércoles, octubre 25, 2006

Fragmentos II

¡Nacieron!
Nuestro nacimiento es todo un dilema. Mamá dice que nacimos el 8 de julio de 1978 pero todos nuestros documentos indican que es en agosto. Decidimos hacerle caso a mamá y lo celebramos la fecha que ella dice (8 de julio) pero nunca arreglamos los documentos, por lo que celebramos un mes antes que la fecha oficial.

Cuando nacimos, cuentan todos los que nos vieron, que éramos pequeñitas, tanto que hasta los pañales (de tela) tenían que cortarlos por la mitad porque eran demasiado grandes para nosotras. Toda la ropa nos quedaba inmensa. Kari pesó 1.200Kg y yo 1.500 Kg. Éramos la quinta y sexta de familia De Grazia Suárez de Upata que ya estaba conformada por: Josefina (“pina”), Horacio Martino (“chichito”), Carmelo (“nené”) y Daniel José (“nani”).

Fuimos tan pequeñas al nacer que todos decían que parecíamos “unos ratoncitos”. La razón: llegamos antes de tiempo; somos sietemesinas. El doctor que nos atendió indicó que “ ellas se van a dar en la medida en que tengan los cuidados requeridos y se cuiden apartadas de todos”. Por su sugerencia no podíamos estar expuestas a ningún virus por lo que sólo nos atendieron los primeros meses mamá, “la nonna” y papá. Más nadie pudo acercarse en ese tiempo.

Una vez que pasaron unos seis meses y, según dice mamá “estábamos grandes y ya nos podían ver, tocar y hasta pellizcar por los cachetes rosados y gorditos”, nos dieron a conocer con el resto de la familia. Siempre gozamos de buena salud y nos vestían con los mismos modelos pero de diferente color, principalmente en las fiestas y celebraciones.

Hasta los once años cada una tuvo una vida independiente de la otra. Kari comía poco y le gustaba ser la imagen y semejanza de nuestra hermana mayor (Pina), mientras que yo tenía muy buen apetito y optaba más por jugar fútbol o andar en bicicleta con los vecinos de la urbanización por donde vivíamos por lo que siempre salía regañada.

Kari siempre recuerda que si se descuidaba yo me comía lo que había en su plato. “Siempre que me levantaba de la mesa a buscar algo le decía a Mary: no te vayas a comer mi comida”. Le resulta inolvidable el día en que “mi mamá había hecho pasta y yo me paré a buscar más queso rallado para echarle y cuando volví no tenía nada en el plato. María se lo había comido todo”.

Como también le resulta inmemorial que “desayunábamos café con leche con pan colombiano (un pan sobado dulce muy típico de la zona) y ella se lo agarraba casi todo”.

“Ana María siempre tuvo buen diente. Comía de todo y si le gustaba repetía. A veces tenía que regañarla para que no comiera tanto porque se comía lo de Dani que, al contrario de ella, era muy mala boca y lo que dejaba Ana Karina en su plato”.

Ese apetito- quizás voraz- hizo que mis hermanos me pusieran apodos como: marrana, cochinita, gorda y me hicieran todo tipo de bromas pesadas cuando me iba a sentar en la mesa. “¡Cuidado!, hay que comer porque viene la marrana”, por ejemplo.

Al principio yo no le prestaba mucha atención pero poco a poco fui considerando que era cierto; que comía más de la cuenta y que, incluso, tenía un problema.

Mi tía Micaela siempre decía “no le sigan diciendo eso que la van a acomplejar y va a dejar de comer” a lo que yo le replicaba “no tía. Yo no dejaré de comer porque eso es lo más sabroso que hay”.

Nada más lejos de la realidad. Y aunque el apodo seguía presente todos los días en casa y las bromas de mal gusto en la mesa también, fue un comentario hecho por una niña de 6 años lo que me hizo enfurecer y salir corriendo a verme en el espejo para reconocer que estaba gorda, al decirme “mira cómo te quedan esos pantalones de apretados, no te quedaban así antes. Estás muy gorda”.

martes, octubre 24, 2006

Fragmentos de mi gran proyecto

Hola!, he estado desaparecida mucho tiempo pero aquí estoy!. Hoy hago una presentación formal de un gran proyecto que tengo y que, espero, algún día pueda materializarlo: mi libro. Lo que copio a continuacón es resultado de algunos meses de trabajo. Claro que, como es largo, lo iré presentando por fragmentos. Espero que lo disfruten y que me hagan saber sus comentarios!!!.. Feliz tarde!!, auqnue en Carcas se vislumbra lluviosa como ha estado todo el día.

Hoy, 4 de junio de 2006. Veintisiete años han pasado desde que vieron la luz por primera vez las gemelas De Grazia Suárez: Ana Karina (en adelante Kari) y Ana María. Esta última soy yo y he tomado este día para emprender un viaje en los recuerdos que me sirvan para relatar las aventuras y desventuras que se da en éstos casos. Para comenzar debo aclarar que en todo este tiempo más que gemelas hemos sido grandes amigas, cómplices y, de alguna u otra manera, también rivales.

Las razones que me llevaron a hacer esta escritura es que en infinitas oportunidades me han preguntado ¿qué se siente ser gemela?, ¿qué se siente tener una persona igualita a ti?. Yo siempre respondo que “normal” pues, no conozco la vida de otra manera. Aún así aquí dejo por escrito la respuesta a estas interrogantes y a otras tantas que surgen al ver pasar a dos personas tan iguales, ¡como dos gotas de agua!.

Ambas somos de baja estatura, tez morena, cabello oscuro y usamos lentes para corregir la visión. A primera vista parecemos dos gotas de agua pero luego y, a pesar de las similitudes, nuestras diferencias salen a relucir. Por supuesto, a los amigos se les hace más sencillo distinguirnos y cada uno tiene su manera de hacerlo pero siempre remitiéndose al tono de voz, la mirada, la sonrisa, e, incluso al saludo.

A simple vista, Kari es de piel más clara, cabello castaño corto y de facciones más serias que yo, que tengo ojos más grandes y uso el cabello natural, de un castaño casi negro y más largo.

Si se le preguntara a las tías y primos ¿en qué nos diferencian?, algunos se quedarían callados y otros darán la respuesta comodín: una usa el cabello largo y la otra corto. Pero en realidad, los rasgos que nos hacen distintas van más allá de lo que se percibe a simple vista y es con el trato que se logra captar.

Por otra parte y aunque cueste creerlo, los que nos logran diferenciar hasta por teléfono son los más pequeños: nuestros sobrinos. Son cuatro y con tan solo escuchar la voz ya saben quién le habla o con mirarnos ya saben quién está con ellos.

Hasta la fecha la unión ha prevalecido. Siempre juntas, cursamos estudios de primaria, bachillerato, diversificado y por poco también la universidad pues, ambas comenzamos a estudiar medicina. Carrera que, al tercer semestre, dejamos para agarrar caminos diferentes. Kari comenzó Derecho y yo Comunicación Social. A ella no le gustaron las leyes y se cambió a Farmacia, culminándola un año después que yo la de periodista.

Para llevar a cabo esta labor un poco maratónica me valgo no sólo de mi experiencia, sentimientos y situaciones particulares y las de kari sino también del testimonio de todas las personas que nos rodean y han compartido con nosotras en todo este tiempo.

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